El ser humano es un ser esquemático. Estamos llenos de esquemas preconcebidos, sobre los hombres o las mujeres, sobre los niños, sobre las relaciones de parentesco, maternidad, paternidad, fraternidad, sobre el color de la piel, sobre los homosexuales, sobre los oriundos de un país, sobre la patria, sobre los principios morales. Y, en cierto sentido, esto está plenamente justificado y obedece a una realidad objetiva: somos demasiado complejos para abarcar todos los detalles, es necesario simplificar. En esa simplificación influyen intereses, relaciones sociales, religiones, tradiciones culturales, etc.
Incluso hay grandes escritores, como Shakespeare o Cervantes, cuyos personajes son arquetipos, esquemas de un carácter, sin que esto les reste ningún mérito. Hay pocos, como Dovtoievki o Tolstoi, o Hammett, que logren personajes completos, realistas.
En lo biológico, todos somos primates, tenemos cuatro extremidades, una sola nariz, y otras similitudes más. Pero incluso aquí, todos poseemos un ADN diferente, y crecemos en distintos entornos. En el aspecto sicosocial lo único común es nuestra dialéctica diversidad; y esa manía de salirnos de los esquemas.
La propaganda es una gran generadora de esquemas, desde que la Coca-Cola es el mejor de los refrescos hasta el esquema del gobernante ideal, o de la democracia. La particularidad de los regímenes totalitarios es que la propaganda es también totalitaria, la ausencia de contrapartida protege a los esquemas de toda confrontación.
Es difícil vivir sin esquemas preconcebidos y, a veces, combatimos uno con otro nuevo. Sólo un razonamiento objetivo y crítico puede ayudarnos a desesquematizar. Pero cuánta gente objetiva y crítica hay en este mundo? O eso también es un esquema? En realidad, nunca las he contado.
Incluso hay grandes escritores, como Shakespeare o Cervantes, cuyos personajes son arquetipos, esquemas de un carácter, sin que esto les reste ningún mérito. Hay pocos, como Dovtoievki o Tolstoi, o Hammett, que logren personajes completos, realistas.
En lo biológico, todos somos primates, tenemos cuatro extremidades, una sola nariz, y otras similitudes más. Pero incluso aquí, todos poseemos un ADN diferente, y crecemos en distintos entornos. En el aspecto sicosocial lo único común es nuestra dialéctica diversidad; y esa manía de salirnos de los esquemas.
La propaganda es una gran generadora de esquemas, desde que la Coca-Cola es el mejor de los refrescos hasta el esquema del gobernante ideal, o de la democracia. La particularidad de los regímenes totalitarios es que la propaganda es también totalitaria, la ausencia de contrapartida protege a los esquemas de toda confrontación.
Es difícil vivir sin esquemas preconcebidos y, a veces, combatimos uno con otro nuevo. Sólo un razonamiento objetivo y crítico puede ayudarnos a desesquematizar. Pero cuánta gente objetiva y crítica hay en este mundo? O eso también es un esquema? En realidad, nunca las he contado.
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