Las pirámides fueron un desastre económico para el antiguo Egipto, pero una mina de oro para el turismo actual. Esto mismo puede decirse del Titanic.
Comenzó a ser un negocio desde que se escribió el primer libro pero, sobre todo, desde la primera película. Y desde que Bob Ballard lograra localizarlo en 1985, en las profundidades del Atlántico, el Titanic ha generado millones en visitas turísticas, a 60000 dólares la inmersión.
Pero su rentabilidad mayor es la del saqueo. Los objetos referentes al barco o sus pasajeros se subastan a precios fabulosos a adinerados coleccionistas de todo el mundo. Incluso objetos o documentos que nunca viajaron en la nave. Claro, lo más valioso es lo rescatado del fondo del mar, por expediciones autorizadas o clandestinas, fundamentalmente con el empleo de robots.
En fin, que nadie sabe para quien trabaja.
Comenzó a ser un negocio desde que se escribió el primer libro pero, sobre todo, desde la primera película. Y desde que Bob Ballard lograra localizarlo en 1985, en las profundidades del Atlántico, el Titanic ha generado millones en visitas turísticas, a 60000 dólares la inmersión.
Pero su rentabilidad mayor es la del saqueo. Los objetos referentes al barco o sus pasajeros se subastan a precios fabulosos a adinerados coleccionistas de todo el mundo. Incluso objetos o documentos que nunca viajaron en la nave. Claro, lo más valioso es lo rescatado del fondo del mar, por expediciones autorizadas o clandestinas, fundamentalmente con el empleo de robots.
En fin, que nadie sabe para quien trabaja.
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